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Natasha Valencia

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A la medida

Una diseñadora de modas que ha sabido reinventarse y crecer en nuestro mercado. Hoy no solo se le conoce como la “señora de las guayaberas”, sino también se distingue por ser creadora de líneas para damas, caballeros, novias y niños.

Por: Gabriella Delgado Petit

Fotos: Oviedo Estudio

“Mi infancia estuvo marcada por el arte y los colores, por el contraste de las telas y el ruido de la máquina de coser, por las puntadas a mano y el dedal. Soy de Caracas, crecí en La Florida, rodeada de mucha moda. Mi mamá era modelo de pasarela internacional, su nombre es Tele Hurtado y desfilaba para Paco Rabanne; mi papá era arquitecto. Por ser hija de padres divorciados me crié con mi abuela, Beatriz Valencia, que cosía las 24 horas del día y fue quien marcó mis comienzos en este oficio.

Estudié en el colegio El Peñón, luego me fui 3 años a Boston y regresé al liceo Los Álamos. En mi familia hay muchos médicos, mi abuelo Valencia fue un gastroenterólogo muy importante, pero en casa también había otra vertiente que era el arte, teníamos una gran colección y frecuentemente nos visitaban personalidades como Sofía Ímber, Onofre Frías o Jesús Soto. Dentro de esas dos corrientes, cuando llegó el momento de elegir una profesión me incliné por el arte, e ingresé a la escuela Cristóbal Rojas.

Paralelamente hacía cursos con mi abuela, en conjunto con mis primas. Aprendimos a coser a máquina, a mano, desbaratar, planchar, almidonar una pieza antes de coserla, todos esos métodos artesanales. Después que me gradúo, mi segunda carrera fue Diseño de modas.

Desde muy pequeña me vestí con la ropa que me hacía mi abuela y mis muñecas iban igual que yo. Por su parte, mi abuelo y mi papá se trajeaban con Clement, todos los domingos íbamos a su taller para que les hicieran alguna pieza. Siempre a mi alrededor hubo el concepto de vestirnos a la medida. Así aprendí.

La hora de emprender

Empecé mi taller con un señor que importaba telas. En ese tiempo yo tenía un bebé, era madre soltera y no contaba con un horario fijo, así que me propuso vender sus telas a mis contactos, que eran amistades de mi papá. El primero que llamo me preguntó si traía material para camisería y justamente era la mercancía principal que se comercializaba.

Ese señor amigo de mi papá fue el que me enseñó la camisería a la medida. El socio de las telas un día me dijo: ‘¿por qué no hacemos un mini taller?’ y así lo fundamos. El primer día que yo medí, me dije: ‘esto es lo mío’. Esa camisa inicial quedó desastrosa, pero el cliente me refirió a otro, después a otro y así seguí.

Luego me rodeé de sastres de gran experiencia, que me instruyeron y me orientaron para perfeccionar mi técnica. 2 años después tenía una camisería importante y me dediqué 100% a eso. En aquella época (2003) los hombres usaban puras corbatas, resultaba muy sencillo, porque eran blancas, azules y uno que otro se ponía rosada. Mis clientes eran médicos, abogados, banqueros, todos se vestían igual, no había mucho que inventar sino unas iniciales. El problema fue cuando comenzaron a dejar los trajes.

Entonces tenía que idear un producto que calara en el mismo target, que fuese elegante, fino y exclusivo. Así que empecé a crear camisas variadas, de cuadros, rayas, me metí en un mundo diferente. Cambié mi logo y las etiquetas que eran en tono gris, pasaron a ser más vivas. Mi hijo con 13 años comienza a involucrarse en el taller y se dedica a darle color a todo.

 

Thank God It’s Friday

En el proceso de renovación de mi marca, me llama el amigo de mi papá que me acompañó en mis inicios y me pregunta: ‘¿Qué podemos hacer para los días viernes que sea distinguido, cómodo y además informal?’. Me voy a casa de mi abuela y le digo: ‘necesito producir una pieza fresca, tropical y refinada’. Ella saca una guayabera de mi abuelo. Al principio le comenté: ‘eso parece una bata, nadie va a usar algo así’ y ella respondió: ‘allí está tu ingenio’.

Me pongo a averiguar sobre las guayaberas, creo una propuesta, se la llevo al señor y él dijo: ‘esto es’. Así me convierto en ‘la señora de las guayaberas’.

A partir de ese momento incursiono en los desfiles. Se me abrió otro campo, porque mi mundo era pequeño: camisería, con clientes precisos y un prototipo determinado; pasé a un universo de pasarela, que era lo que yo siempre había querido. Elaboré turbantes, incorporé conchas de coco en los botones de mis confecciones, tropicalicé todo el concepto de las guayaberas y fundé un estilo.

 

En la diversidad

Después de muchos años de realizar camisería para hombre y guayaberas, un día mi hijo me dice: ‘Mamá, yo nunca te he visto diseñar un hombre, tienes carpetas llenas de diseños de mujer, y aquí no hay ni una blusa para damas. ¿Qué te da miedo? Arriésgate. Es así que decido crear la colección Sin límite, que lancé hace 4 meses. Un nuevo reto que asumí feliz. He ido más allá de la camisería con la inclusión de faldas, me atreví a usar más colores, a destapar hombros y a integrar esas tendencias de mangas anchas, con combinaciones geniales y únicas. Me tomó una década, pero ya estoy en el lugar exacto para avanzar.

En febrero de este año participé en el New York Fashion Week con mis guayaberas, presenté un solo estilo, el camisero largo de lino que ganó el concurso. Por eso ahora tengo página Web, mayor impulso en las redes sociales y estoy montando taller nuevo para crecer y cruzar fronteras.

El atelier hoy ofrece un showroom; en el taller, que se ubicará en Los Próceres, se encontrará toda la producción. Estará separado porque está creciendo, ya son 4 líneas de ropa: caballeros a la medida; damas a la medida; una serie de niños que se llama NV Kids, para vestir a los pequeños igual a sus padres, y novias, una categoría que manejo desde hace mucho tiempo.

En el contexto internacional hay una propuesta de una cadena de resort, que sus hospedajes poseen boutiques muy exclusivas y se está haciendo una línea para esta firma que se encuentra en todas las islas del Caribe así como en EEUU. Además tengo unas amigas en Cartagena de Indias que me están invitando a diseñar una colección juntas. Adicionalmente estoy posicionando mis prendas aquí en tiendas que unen talento nacional, todo sin descuidar a mi clientela exclusiva.

¿El momento más importante en mi trayectoria? Yo viví un alto en mi carrera por motivos de salud, tuve que parar, cerrar mi taller y llevar todo a casa. En esa pausa, en el marco de una etapa difícil, vino el New York Fashion Week. Sin duda uno de los instantes más memorables.

Sigo trabajando con mucho entusiasmo. Mi próxima colección es muy resort, se trata de una moda funcional, una línea completa que también incluirá pareos, sombreros y hasta una serie de carteras”.

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