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Memorias de Sangre, Sudor y Lágrimas

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Por Joel Barradas

Un sábado lluvioso de septiembre de 1974, exactamente el día 14, asistí a mi primer concierto multitudinario. El Nuevo Circo de Caracas, que para mí había sido hasta ese momento un gran escenario para la fiesta brava, ya que mi padre era muy aficionado a la tauromaquia, se transformó para tener una tarima casi en el centro del coso y presentar uno de mis grupos favoritos de siempre, pero que en esa época, en mi muy juvenil afición y entendimiento de la música, representaba simplemente lo máximo.

Esa noche tocaba Sangre, Sudor y Lágrimas, la agrupación de jazz- rock que junto con la banda Chicago dominaban la escena musical de su categoría, con esta rara combinación y particular sonido que mezclaba las dos tendencias. Alguna vez escuché, la no menos cierta frase la cual decía que Chicago era una banda de rock que tocaba jazz y Blood, Sweat and Tears era una banda de jazz que tocaba rock. El asunto es que esa extraordinaria combinación de metales con un acelerado ritmo rockero, se hizo presente ante mis ojos por primera vez en directo, antes que cualquier otro grupo.

La noche fue de por sí algo muy novedoso y especial; la idea de asistir por primera vez y con poca edad a un evento de rock, en un tiempo bastante convulsionado con el asunto de la marihuana y otras drogas, me ponía al mismo tiempo en un estado eufórico y nervioso. De hecho la policía de entonces reprimía muy fuertemente cualquier manifestación orientada a esto, de manera que algunos cuantos rolazos y escaramuzas también acompañaron la presentación. Poca gente, eso sí, no sé cuántos, pero muy pocos asistentes. La lluvia definitivamente atentó contra el evento. Dicen que al final solo asistieron siete mil personas los tres días de show .Con entradas a Bs 40 y  30 (algo así como 8 o 9 dólares de la época). Seguramente fue un fracaso económico para el empresario artístico Willie Feliu, quien fue el productor de ese y muchos otros conciertos en Venezuela por esos días.

En algún momento de la noche, Plácido Garrido uno de los emblemáticos locutores de la radio venezolana, anunció la presencia como telonero de Trino Mora y también del grupo Budare. Tengo que recordar tristemente que a Trino el público lo trató muy mal. Le lanzaron cosas al escenario y aunque han pasado muchas lunas desde entonces, recuerdo claramente cuando el cantante pedía por favor no arrojarle objetos a sus chicas del coro. Libera tu mente, pues. La verdad de Budare no recuerdo mucho, pero sí que algunos de los asistentes tenían radios pequeños, de esos que usábamos para llevar al estadio de beisbol o para escuchar música en los portales y esquinas de los barrios. Esto era porque el concierto fue trasmitido por Radio Capital y Radio Difusora Venezuela, la propia estación de la Alegría.

En poco menos de dos horas todos los temas clásicos de la banda, Lucrecia McEvil, Me haces muy feliz, La rueca y muchos otros, fueron interpretados magistralmente por la agrupación y quedaron grabados en mi mente como un evento único. Nunca más pude verlos en directo.

Exactamente cuarenta y tres años, 7 meses y 14 días después, el sábado 28 de abril de 2018, Sangre Sudor y Lágrimas, volvió a mi memoria y me trajo nuevamente esos recuerdos con su presentación en el Garden Rock, dentro de EPCOT Center, en el complejo Disney de Orlando, Florida. Como una mágica coincidencia, mientras caminaba por el parque con mi esposa y mi hija pequeña, las notas de acordes y melodías muy conocidas para mí, hicieron que me detuviera para disfrutar una vez más de esta espectacular banda. Cinco décadas después de su fundación sigue vigente. Fue muy gratificante recordar la música y canciones de esta legendaria agrupación, con su particular sonido, en vivo. Por supuesto los integrantes ya no son los mismos, ninguno de los originales está activo. Me contaron allí que solo Bobby Colomby, uno de sus percusionistas y cantantes originales, quien además es dueño del nombre desde 1984, está detrás de escena, manteniendo la leyenda de una de las mejores bandas de jazz rock del movimiento musical de los 70- 80.

A casa llena, al aire libre nuevamente y con un sonido mejorado con las nuevas técnicas, la voz muy rockera de Bo Bice, su cantante desde 2003, me hizo volver a momentos únicos de mi niñez -casi adolescencia- y la primera vez que experimenté la extraordinaria sensación del sonido en directo.

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